El olvido global de las mujeres en la composición musical. El escaso lugar de las compositoras chilenas

por Diego Newen González Valenzuela / /

Teniendo en consideración el marco de la movilización estudiantil actual bajo las premisas del pensamiento feminista y la demanda a una educación no sexista, podemos estimar la existencia de un sistema patriarcal que, de múltiples maneras privilegia a los hombres y oprime tanto a estos como a las mujeres. Una de las muchísimas formas en que las mujeres son violentadas y reprimidas por dicho sistema, es mediante los estereotipos y roles de género, que configuran lo que socialmente vemos “adecuado” para un sexo o el otro. Y es en este plano, donde se visibiliza la problemática que trata esta columna: global e históricamente, el terreno de la composición musical académica siempre ha estado encabezado por hombres, dejando a las mujeres relegadas al ejercicio de la interpretación instrumental; esto debido al prejuicio social de que la mujer debe reproducir o procrear, y no producir ni crear.

En muy pocas instancias se han visto nombres de compositoras en los programas de concierto, y también son muy pocas las instancias en las que estas se enseñan o se toman como ejemplo en las instituciones educativas enfocadas en la música.

Esta semana, el proyecto Donne – Women in Music, creado por el sello discográfico Drama Musica y liderado por la soprano brasileña Gabriela Di Laccio reveló un análisis de los programas de 15 prestigiosas orquestas del mundo, estos correspondientes a la temporada 2018-2019. De los 1.445 conciertos que estas orquestas llevarán a cabo, en solo 76 de ellos se podrá escuchar música escrita por mujeres. Y más específicamente, solo 82 de 3.524 obras, corresponden a mujeres. Las cifras son alarmantes, el 97,7 % de las composiciones serán de autores hombres y solo un 2,3 % serán obras concebidas por mujeres. “Realmente no lo entiendo, ya no hay más excusas. La idea de que quizás no haya suficientes mujeres compositoras o que la música no es bastante buena… eso está en el pasado” dijo Di Laccio al diario británico The Guardian, comentando las cifras.

El panorama internacional es claramente desalentador, tomando en cuenta que este problema no es para nada nuevo. Y en Chile, la situación no es lejana. Ni la Orquesta Sinfónica Nacional ni la Filarmónica de Santiago, probablemente las principales del país programaron un concierto que contenga alguna compositora.

En una entrevista con la radio de la Universidad de Chile (2/3/2018), la estudiante de piano de dicha casa de estudios, Matilde Méndez, dice: “tiene que haber un cambio radical en el pensamiento de los profesores. En las clases de historia no te pasan Carmela Mackenna, Ida Vivado (compositoras chilenas), nada de nada. Uno tiene que averiguar por su cuenta. Si te hablan de Brahms, obviamente vas a escuchar sus obras o vas a investigarlo. Hay que partir por eso”. Como Méndez señala, es muy difícil que se enseñen compositoras chilenas en las casas de estudio y si se llega a hacer, lo más probable es que no se tomen en cuenta, debido al arraigado androcentrismo presente en los espacios musicales del país.

El panorama para las compositoras chilenas es un tanto deprimente, siendo que hay enorme cantidad de ellas en la historia, ya vimos que ni siquiera en Chile se toman en cuenta (la última vez que se programó una compositora en las principales orquestas del país fue en junio de 2016, donde la Orquesta Sinfónica Nacional abrió un programa con el Divertimento rítmico de Leni Alexander), y en el contexto de música contemporánea, donde se podría esperar a que sea diferente, solo 3 compositoras se tocaron en el  Festival de Música Contemporánea de la Universidad Católica, de las 47 obras que se interpretaron; y en el Festival de Música Contemporánea de la Universidad de Chile, entre las 37 obras que se presentaron, apenas una era firmada por una compositora: “Bajo la alborada, una voz…”, de Tamara Miller.

En algunos países ya se han comenzado varias iniciativas referidas a la integración de las mujeres al espacio compositivo, en Inglaterra, los BBC Proms se han puesto como objetivo tener la misma cantidad de compositores y compositoras para el año 2022. También está ya mencionado proyecto Donne – Women in Music, creado este mismo año por la motivación de Gabriela Di Laccio por destacar a las compositoras que en su periodo de vida no fueron reconocidas; y para convencer a todas/os de que hay más que suficientes compositoras en la historia como para que su música no sea tocada. En el programa para este año de la Orquesta Sinfónica de Londres figuran 6 jóvenes compositoras, que en palabras de Kathryn McDowell, la directora general de la orquesta, “fueron elegidas totalmente por su mérito, hemos visto una división de 50/50 en términos de género por los últimos dos años, señalándonos que las/los mejores compositoras y compositores son, en cantidad, iguales, que es exactamente como debería ser”.

En Chile, el colectivo Resonancia Femenina, formado en 2012 por Valeria Valle, María Carolina López, María Fernanda Carrasco, Natalie Santibáñez y Katherine Bachmann, alumnas del Instituto de Música de la Universidad Católica de Valparaíso, busca lograr abrir nuevos espacios para las mujeres en la composición en Chile, mediante la creación, el estreno y la grabación de obras compuestas por mujeres chilenas.

Aunque hay muchas y muy buenas iniciativas en torno a la problemática, aún existe ese pensamiento machista y arcaico, que critica a las mujeres que se atreven a hacer lo que anteriormente no pudieron. Un claro ejemplo de esta penosa forma de pensar, es un artículo publicado el año 2015, por la bien conocida revista semanal conservadora inglesa, The Spectator, que, aunque parezca broma, tiene el siguiente título: “Hay una buena razón por la cual no hay grandes compositoras”. El artículo critica sin ningún fundamento concreto a las compositoras de la historia y desvalora a las mujeres que se atreven a romper con los ideales femeninos en la música.

El llamado es claro, debemos informarnos, quitarnos el sesgo hacia los compositores a la hora de buscar referentes, y hay que dejar de rehuir a las mujeres que se están adentrando al mundo de la composición musical o a las que ya lo han hecho. También hay suficiente música escrita por mujeres como para evitarla con la cobarde y machista excusa de que no existen compositoras buenas o que directamente no hay compositoras. Soltemos el canon occidental  masculino y eurocéntrico y comencemos a valorar la música compuesta por mujeres chilenas.