La irresponsabilidad de los medios de comunicación en la exhibición de la cultura de la violación

por Lorenza Ferreira Tello / /

El concepto de “cultura de la violación” hace referencia a la normalización, y hasta aceptación, de conductas de coacción sexual hacia la mujer, donde se centra la atención en el actuar de la víctima culpabilizándola de su propia agresión.

En este sentido, se crearían dentro de una cultura múltiples formas de justificación, enseñándoles a las mujeres comportamientos moralmente “correctos”, en los que esta lograría evitar ser violada en base al temor y la privación, y manteniendo a los demás individuos bajo discursos, en su cotidianidad, que validarían la violencia hacia la mujer (entre estos: chistes, piropos, cosificación, etc.)

¿Dónde podría comprenderse el discurso que nos reflejaría más como sociedad? Difícil es no creer en la influencia que existe en los mensajes, desde explícitos hasta simbólicos, que generan medios de comunicación, afectando a una gran cantidad de la población en sus conductas y actitudes. ¿Qué pasa cuando este mensaje lleva consigo trivializar la violencia de género?

Claramente, la estructura a utilizarse en medios de comunicación, nos revelaría la visión general sobre los roles que una sociedad perpetua para hombres y mujeres. La identificación de una evidente discriminación hacia la mujer, logra entenderse a partir de violencias explícitas como las agresiones físicas, pero el reconocimiento de las diferentes formas que adopta la violencia de género, como en el lenguaje, siguen siendo minimizadas, a pesar, de su importancia para el desenvolvimiento de la violencia física.

Cuando hablamos de la reproducción de prácticas que naturalizan la violación, el lenguaje es una herramienta de difusión esencial. A través de éste, se construye la forma en la que logramos percibir el mundo, cuando este discurso se centra en las mujeres víctimas de abuso, se reafirma la idea de que son ellas las que deben cuidarse de ser violadas, condenándolas a una doble violencia, la ya ejercida y la social, donde se les cuestiona su actitud, vestir e inclusive sus decisiones pasadas.

La inconsecuencia se refleja cuando en estos textos periodísticos se les decide atribuir “causas” al delito de violación, patologizar al culpable, confundir conceptos como abuso/violación ignorándose la magnitud de cada concepto inclusive ante la ley, o también, cuando se recalca la posición de fama del culpable, desviándose el tema central de la noticia. Destacando también, el poco espacio a denuncias que no logran mayor impacto social, por la impopularidad de la víctima o victimario.

Ante ello, es necesario reconocer la gran responsabilidad que tiene la prensa y periodistas en la erradicación de la reproducción social de la violencia de género, que hoy resulta sistemática y hasta sutil. Si el principal objetivo de estos es informar y concientizar, la violación debe ser tratada desde un enfoque de denuncia, en el que se sensibilice sobre la relevancia del problema, subrayando que es un fenómeno a nivel socio-cultural y no, casos aislados.

El discurso de los medios no puede omitir el hacer referencia a la dimensión a nivel de sociedad de este tipo de delitos, irresponsabilizando el actuar de victimarios y abandonando su rol de agentes de cambio, ante la suficiencia de poder develar el problema cultural que nos reclama cuestionamiento de las actitudes arbitrarias que hoy se normalizan.

Sin embargo, este compromiso no sólo le concierne a los medios de comunicación, sino a todos y todas, y las actitudes que reproducimos sin mayor profundidad. Si bien los medios de comunicación son una gran influencia, la reacción de los receptores de esta, sigue perpetuando la estandarización de la violencia en nuestra sociedad, accediendo a llevar este tipo de mensajes a la cotidianeidad, llegando hasta ridiculizar la violación mediante “bromas” o comparaciones ilógicas.

Devolviéndome así, a una de las primeras preguntas frente a la inconsciencia cuando pasamos por alto, que se les de espacio a “bromas” como : “Las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y todos nosotros nos tiramos encima y nos hacemos los vivos”.

¿Realmente, permitiremos que estas conductas, que validan la cultura de la violación sean las que nos representen?