El habitar de la Ciudad Bella

Por Felipe Acuña Lang//

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Antes de que Viña se proyectara como ciudad turística había nacido al alero del ferrocarril. Luego se instala desde su fundación como ciudad industrial, y ese es su verdadero origen. Hasta antes del año 1855 Viña no provocaba mayor interés, ni habitacional ni laboral, pero con lo del ferrocarril que conecta la estación Barón con Viña, las tierras planas de las haciendas prontamente fueron vistas como una alternativa de suelo residencial e industrial. No olvidemos que la Refinería de Azúcar (CRAV) que operó por 108 años en nuestra ciudad; siendo pionera en el país al posibilitar que la clase trabajadora de esta empresa pudiera acceder a vivienda social y educación para sus hijos. Esta industria  a lo largo de su historia se convirtió en un ícono para la ciudad lo cual le cambió el ritmo soñoliento a la vida viñamarina bajo el ingenio de su fundador Julio Berstein. La inauguración de la Refinería de Azúcar data del 29 de diciembre de 1874, incluso muy anterior a la fundación de la Municipalidad (1879). El origen la ciudad jardín nunca estuvo en la costa, sino en la cercanía con la estación del tren, con la “Calle del Comercio” actual calle Valparaíso, Álvarez, Viana, vale decir, todo el cordón ferroviario e industrial que se gestó en la zona desde 1870.

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La ciudad turística o balneario comienza a gestarse desde siempre, a mediados del siglo XIX, pero su materialización es más bien de los años 30. Las clases dirigentes deseaban una ciudad apacible,  con el perfume de los jardines recién regados como diría la Bombal. Pero en sus cortas visitas al país, ya en los 60 la escritora viñamarina dice que la Viña de su infancia no es ni la sombra de la que era, seguramente por las nuevas edificaciones de edificios en desmedro del patrimonio de los chalet. Uno puede decir a la manera de Juhani Pallasmaa, arquitecto y pensador, que la arquitectura es una extensión funcional de nuestras facultades físicas como mentales. El desplome de los edificios antiguos así como de las casas del pasado, provoca una desmemoria del sujeto al no poder situar su experiencia existencial con el nuevo panorama moderno un poco esteticista.  La desafección y el desarraigo de no reconocernos en ese habitar acaba por erosionar la identidad. El de la modernidad es creer que la tecnología será capaz de reemplazar lo emocional o sea el sujeto diferenciado incapaz de unir el yo con el mundo que lo rodea.

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Lejos de ese idilio aristocrático de los relatores de la ciudad bella, en los tiempos que corren la ciudad residencial y turística se ha modernizado tanto, que ahora es una ciudad de servicios y de grandes edificios, una ciudad que la fascina el espectáculo del consumo como si todo Viña fuera atención al cliente. Veamos la histeria que se armó por el nuevo mall  Marina en 14 Norte frente al Viña Shopping. La prensa local le dio una cobertura especial tipo evento de modas. La TV regional del 13 le otorgó unos minutos a los millenial neurotizados por adquirir ropas de la nueva marca Nórdica (quedando marcados por la marca). Al igual que los indigentes de los puentes, los jóvenes hicieron campamento esperando que  se abrieran las puertas acristaladas. En la TV se veía como entraban en manada a adquirir las prendas vía tiquet de regalos.  Detrás del cuestionado mall, los defensores dicen que esto dará nuevos puestos de trabajo y reactivará la economía de Viña. Siempre se mantiene la premisa que el trabajo no fuera un derecho democrático sino la consecuencia del consumo.  A Viña le fascina el travestismo de toda índole, tal vez porque detrás de nuestra moral de las buenas costumbres, también se camuflan los deseos no confesables de lo que somos en realidad: una ciudad compleja, violenta, sexual y perversa, tan alejada de esa fotografía de lugar de ensueño y soporífero y glamoroso. Se traviste de turistas por habitantes, se trasviste de festivales por campamentos, se trasviste de mall por endeudamiento, se trasviste de playa, sol y mar por edificios sin permisos.

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Esa es la ciudad que se nos quiere imponer totalmente despolitizada y farandulera desde el comienzo de la TV, transmitiendo al mundo el famoso Festival de la Canción.  La resistencia a ese estereotipo, es la búsqueda por una ciudad más comunitaria, que responda a una cultura o sea que sea capaz de verse a sí misma y comprenderse.

En un intento por ficcionar Viña, los espacios relatados intentan buscar lugares menos valorados como son las galerías viñamarinas, y todo lo que pasa adentro, y el afuera que es la calle cruzado por un estero que le da identidad a esta ciudad de servicios y turística.  El estero Marga Marga es la verdadera belleza de la ciudad bella. La diversidad de aves y fauna marina que cobija debajo de los puentes Villanelo, Ecuador y Casino, es un espectáculo digno de apreciar como si la ciudad fuera otra. La gente y las relaciones al igual que la naturaleza encuentran su cauce.

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En el escenario actual, la participación ciudadana ha tenido sus momentos en la historia del Marga Marga; resistiendo, cuando a través de los medios de comunicación surgen intereses que concentran proyectos de intervenir el estero y convertirlo en un club de yates al estilo de los grandes balnearios europeos. Claro, a los notables les interesa poco y nada lo que sucede debajo de los puentes donde conviven especies de aves marinas que le dan un panorama único a esta urbe. El estero es una respuesta a ser activos y no obsecuentes a los intereses del mercado. Esperar una ciudadanía más activa y contestaría en un tema pendiente en nuestra ciudad demasiada higienizada a los modelos de belleza del buen hacer, del buen vivir endogámico, del éxito a ultranza en desmedro del otro. Donde habitar dicha ciudad no entra por su cosmética sino por las capaz de maquillaje que descascaran, suavemente se deslizan para ver otros lugares y otros Viñas, habítados pero no transitados por la ficción y el campo simbólico que quiebra la imagen de la ciudad.

Referencias bibliográficas   

Los verdaderos orígenes de Viña del Mar y un símbolo de este proceso: La Refinería de Azúcar de Viña del Mar (CRAV), Lorena Montaner, Revista Archivum año VII.

Habitar, Juhani Pallasmaa, Editorial Gustavo  Gili, SL (2016)

La línea azul, Ennio Moltedo, Ediciones Altazor (2014)

Una Memoria para los Refineros, Carolina Ibarra, Ediciones Universitarias de  Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (2013)

Las Cosas Nuevas, Ennio Moltedo, Ediciones Altazor (2011)

La poética del espacio, Gaston Bachelard, Fondo de Cultura Económica (Decimosegunda impresión, (2011)